Aleóntrica: Cúspide

CAPÍTULO 1

El sol se estaba poniendo mientras Lucas preparaba la cena. Era una cena especial, marisco. Una cena que ponía fin al primer año de casados tras siete de feliz noviazgo.

Lucas había salido tarde de trabajar, aquel día, de su despacho de InterTel. Por ello no pudo asistir a la cita que tenía el matrimonio con la doctora Sarah Lars. Una cita que iba a cambiar el resto de sus vidas.

Jimena tardaba más de lo normal en llegar a casa. La cita era a las seis de la tarde y ya era casi las nueve de la noche. La doctora Lars siempre era muy puntual al recibir a sus pacientes y nunca retrasaba sus despedidas.

Cuando Jimena llegó, lo hizo con un aspecto casual, rozando lo indiferente. Esa escena le pareció sacada de una película romántica de «serie b»: la cena servida, la habitación iluminada por los tenues aleteos de las velas, música de fondo…; pero no causó en ella efecto alguno. No esbozó siquiera, esa sonrisa a medias que tan tentadora le parecía a Lucas y que tanto ansiaba ver una y otra vez.

Lucas no se cansaba nunca de mirar el rostro de Jimena esperando que ella torciera de aquella forma sus labios. Situación que a Jimena siempre ruborizaba cada vez que sorprendía a Lucas mirándola con los ojos de par en par. Pero esta no es una de esas ocasiones. El rostro de Jimena era hierático, casi inerte. Un semblante totalmente diferente al que ambos estaban acostumbrados.

Jimena parecía ida, con la cabeza en otro universo. No recordaba su aniversario y si lo hacía, en ese momento carecía de importancia. Durante la cena se mostró distante y esquiva.

—¿Qué tal Aron si es niño? —Intentó romper el hielo.

Lucas no conseguía entablar conversación alguna con su esposa. Decidió no tratar más el tema que tantos dolores de cabeza les producía.

—Lo siento —dijo Lucas tras una pausa, pero Jimena ni si quiera alzó la mirada.

Había llegado tarde de su cita con la doctora Lars y no había mediado palabra alguna con su marido sobre el tema. Así que, cuando Lucas preguntó por la cita y lo que la doctora le dijo, ella contestó, quizá para callar a si marido, que no estaba encinta y que debían seguir intentándolo.

—Puede ser un problema de hormonas —continuó la conversación siendo consciente del trato que le había dado a su marido—. Como he estado tomando la píldora todos estos años, es normal que sus efectos tarden en desaparecer. Me ha aconsejado que sigamos como hasta ahora y que vaya a visitarla cada cuarenta días.

—Bueno Bichito, gracias a Dios no es ningún problema grave. Tendré que decirles a mis testículos que se esfuercen más para crear los espermas más fuertes.

Los labios de Jimena se torcieron ligeramente hacia la derecha. Lucas siempre lograba hacer reír a su esposa, sea cual sea la situación.

Pero esta vez tenía un deje raro que Lucas percibió pero que le siguió el juego.

Cuando hubieron acabado la cena en la que los platos no se quedaron vacíos, ella se fue al baño para darse una ducha. Mientras tanto, Lucas recogió los platos de la mesa, cogió una botella de cava del refrigerador, dos copas y se apresuró a ir al dormitorio. La música no paró de ambientar toda la velada. Al salir de la ducha, Jimena se fue a la cama donde le esperaba su marido con su burbujeante licor al que hizo caso omiso.

Lucas recordó la primera vez que se vieron. Se conocieron el primer año de facultad. Ambos compartieron piso de estudiantes cerca del Campus Universitario. Ellos tenían un amigo en común: Alex Star. La persona que los presentó.

Los dos amigos tenían la costumbre de celebrar los aprobados con una copa, a veces botella, de cava. Recordaba que ella siempre ponía cara mustia pero nunca negaba una copa. Es más, también celebraba los suyos con el burbujeante amigo.

Después de ese curso Jimena y Lucas no volvieron a tener un contacto tan cercano hasta la fiesta de graduación. Lo hicieron con una nota excelente. Los tres eran buenos estudiantes y buenos profesionales en su campo. Todos acabaron sus estudios en los años estipulados. Aquella fue una noche de desenfreno, alcohol y lujuria. Lo que pase en el día de la graduación, se queda en el día de la graduación.

A partir de ese momento, el lazo entre Jimena y Lucas se fue estrechando cada vez más y más. Comenzaron a quedar todos los viernes por la noche. Después, dos veces por semana hasta que las visitas se convirtieron en diarias y permanentes. Decidieron alquilar un piso donde vivir ambos en un barrio cercano al edificio en el que los dos trabajaban. Un apartamento que ahora lo tienen en propiedad.

Por ello sabe que su esposa nunca despreciaba una copa, y mucho menos en un día como aquel, en una noche como aquella.

Lucas sentía que algo no iba del todo bien y esta ha sido la gota que hizo repasar la semana a Lucas. Ahora se ha percatado de que llevaba días distantes. Ambos estaban decididos a tener ese bebé que tanto buscaban. Ese hijo que no había manera de concebir.

Lucas entró en un profundo trance donde su mundo se puso patas arriba: «¿qué es lo que está pasando? ¿qué me oculta?»—pensó

Esa noche le costó horas quedarse dormido y si no llega a ser por el cansancio no hubiera pegado ojo en toda la noche y cuando despertó notó que Jimena no estaba a su lado, pero era pronto para que se hubiera ido a trabajar. Saltó de la cama y se asustó al ver el tercer cajón del sinfonier abierto. Se temió lo peor. Sus ahorros habían desaparecido junto a Jimena.

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